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Un pequeño pastel de chocolate con un centro caliente y fundido que se derrama al cortarlo. Es un plato rico y rápido de preparar.
Derrite los 120 g de chocolate negro con la mantequilla en un bol al baño María, o en el microondas en intervalos cortos, removiendo hasta que quede una mezcla suave y brillante. Déjalo enfriar un poco.
Bate los 2 huevos, las 2 yemas y el azúcar durante 2 o 3 minutos hasta que la mezcla se ponga pálida y espesa; después, incorpora el chocolate derretido con movimientos envolventes.
Tamiza la harina y el cacao sobre la masa y mézclalo suavemente con una espátula hasta que no queden grumos, manteniendo la masa esponjosa.
Engrasa con mantequilla y espolvorea ligeramente con cacao 4 moldes pequeños, reparte la masa entre ellos y hornéalos a 210 °C durante 9 a 11 minutos, hasta que los bordes estén cuajados pero el centro aún se mueva al tocarlos.
Deja reposar los pasteles durante 1 minuto, desmóldalos en platos, espolvorea con azúcar glas y córtalos para que salga el centro fundido. Sírvelos enseguida.