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Café caliente azucarado con un toque de whisky irlandés, cubierto por una capa de nata apenas batida que flota en lugar de mezclarse. La clave está precisamente en esa capa de nata que queda encima.
Bate los 60 ml de nata con un tenedor o unas varillas durante unos 30 segundos, solo hasta que espese un poco y caiga lentamente de una cuchara. Debe seguir siendo líquida, no firme como la nata montada.
Mezcla el azúcar moreno con los 300 ml de café recién hecho hasta que se disuelva por completo.
Reparte los 60 ml de whisky entre dos vasos resistentes al calor y calientes, y luego vierte el café azucarado hasta dejar unos 2 cm hasta el borde.
Da la vuelta a una cuchara y apoya el dorso justo por encima de la superficie del café; luego, vierte la nata lentamente sobre la cuchara para que se extienda y flote en lugar de hundirse.
Sírvelo enseguida sin remover, para que los que lo beban saboreen primero la nata fría y luego el café caliente con un toque de whisky que hay debajo.