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Salmón curado con sal, azúcar y un montón de eneldo durante dos días, sin cocinar nada. Córtalo en lonchas finas y no sabe para nada a salmón ahumado.
Usa un filete de salmón de 800 g cortado del centro, con piel y sin espinas. Sécalo bien con papel de cocina.
Mezcla la sal marina, el azúcar y la pimienta molida gruesa; después, pica el eneldo en trozos grandes y mézclalo todo, tallos incluidos.
Coloca el salmón con la piel hacia abajo sobre una hoja grande de film transparente, distribuye la mezcla de curado de manera uniforme por la parte de la carne y envuélvelo bien apretado. Ponlo en una bandeja, ponle un par de latas encima para hacer peso y mételo en la nevera durante 24 horas, dándole la vuelta una vez a mitad del tiempo.
Desenvuelve el salmón y retira la mezcla de salmuera y el eneldo. Enjuágalo un momento con agua fría y sécalo bien con un paño.
Con un cuchillo largo y fino, corta el salmón en láminas muy finas en ángulo pronunciado, empezando por la parte más alejada de la cola.
Sírvelo sobre el pan de centeno con una cucharada de mostaza al lado.